
Susi.Pop
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La vida tranquila de Mariana, como siempre tranquila.
Mariana recurrente al capítulo repetido donde su vida se mantenía en calma, sin sobresaltos, sin problemas. Hacer el amor, encender el calentador del agua, hacer café para que el hombre con el que vivía pudiera desayunar, platicar un poco con él mientras comían algún pan y despedirle en la puerta cuando él partía a trabajar todo el día.
Estando sola en esa casa tan enorme Mariana se sentía pequeña viviendo días tranquilos, tibios e iguales, todo el tiempo haciendo lo que debía hacer ahí dentro: espinacas hervidas con mantequilla para cenar, tallar unos calcetines, limpiar los pisos y tal vez salir un rato a la tintorería mientras paseaba platicando con el perro que le hacía compañía en silencio. Días y días, soleados y lluviosos, todos iguales, todos tranquilos.
Estaba segura, al igual que sus padres, que era la vida tranquila que ella siempre deseó.
Una noche, mientras cenaban alcachofas, el hombre con el que dormía le pidió que buscara un empleo que les permitiera pagar algunas deudas que él había adquirido antes de ir a vivir con ella, porque lo que Mariana ganaba en ese momento con el trabajo desde casa sumado al sueldo que él lograba en la pequeña empresa que lo había contratado no eran suficiente para pagar. Ella prometió ayudar.
Algún día tranquilo, luego de hacer el amor, prender el calentador del agua, hacer el café, comer un pan, platicar con el hombre y despedirle desde la puerta, ella comenzó a arreglarse para salir más temprano y por más tiempo.
Salió, recorrió las calles en su pequeño coche gris. Llegó a la nueva oficina del nuevo empleo y luego que subió por el elevador su vida cambió, primero imperceptiblemente, luego precipitadamente y nunca volvió a ser la misma.
...
Ella guarda una fotografía de la primera vez que le miró. Nada que los rodeara fue importante sólo esa sonrisa un poco tímida, un poco expectante y la luz contenida en la mirada de niño que la contemplaba. Recuerda Mariana en la fotografía cálida del momento cálido. Recuerda, y ahora deja de llorar lágrimas cálidas.
...
Mariana pequeña dejó de caber en su vida tranquila y no volvió a dormir tranquila. Pasaron algunos días tranquilos que ahora más que antes la asfixiaban y la aplastaban contra los pisos limpios. No duerme más, no hace buen café y el pan se pone duro. El hombre que duerme impasible a su lado parece un muñeco frío de madera y Mariana sabe que él no tiene la culpa, nadie tiene la culpa, sólo ella.
Un beso furtivo paró el mundo que ella conocía y lo desmoronó, pero la culpa no fue de nadie, sólo de ella. El hombre que ahora no dormiría junto a ella regresó a casa de sus padres no sin antes decirle que debió encontrar un trabajo que le permitiera estar más tiempo en casa. Despidió a la enorme casa con una enorme fiesta y luego de rescatar algunos recuerdos para venderlos, la derrumbó. Cambió el color de su cabello, el olor de su piel. Mariana cambió de nombre y de amigos, ella se reinventó.
...
El hombre con mirada de niño la siguió unos cuantos meses. Cuando Mariana volteaba un poco, él estaba ahí y ella se aseguraba de dejar rastros de pan de desayuno para que él la encontrara con facilidad. Se fueron de viaje en una burbuja, hicieron el amor entre luciérnagas y con la luna en el buró, recorrieron caminos largos y volvieron volando. Durmieron bien muchas cortas noches para luego despertar pocas mañanas juntos. Cantaron, hicieron música y soñaron hasta que una noche sin luna, con motivos ajenos y sin la razón bien puesta, él se fue…
...
El hombre cálido ya no vuela junto a Mariana grande, ya no la sigue y ya no canta para ella. Ella lo sueña y en esos sueños él grita cosas que nunca dijo antes de marcharse. Ella siente angustia por nada, siente alegría por nada, tristeza que no es de ella y le duelen los golpes que ella no recibió. Mariana grande se siente sola y llora lágrimas de miel.
Mariana extrañaba todo y se ponía mal por cualquier cosa sin importancia. Siguió sus planes, aprendió a extrañarle al punto de no extrañarle. Aprendió a no desear besar a nadie, a no reconocer olores de nadie, ni las voces en los sueños. Aprendió por fin a no escribir para alguien, a no cantar para alguien y a estar sola. No volvió a dormir bien… o volvió a levantarse temprano.
...
Mariana tiene ahora una casa pequeña en donde se siente enorme. Pinta sus uñas color uva, camina descalza por la sala con el cabello revuelto y en pijama mientras en la cocina se hace el café para dos que no están juntos. Mariana espera al que no tarda en llegar no esperando junto a una puerta sin cerradura que viaja con ella a todos lados.
La luna sueña, sólo sueña…
Now, the enlargement of time is on this very same side...
Ahora el tiempo es largo y resulta no ser una dimensión alterna como solía serlo hace unos meses. Transcurre lentamente y se mueve pesadamente, como una gelatina que lo cubre todo, desde la puerta de la entrada hasta la barda del patio trasero. El tiempo alargado es ahora el tiempo normal, mientras el tiempo normal se ha perdido en quién sabe que lugar del mundo.
Los días se han vuelto tan largos que no se sabe exactamente donde termina uno y comienza otro. Las noches se intercalan en algún momento conteniendo sonidos de los grillos que se hacen tan largos que parecen susurros de personas que habitan la habitación contigua. La luna llena ocupa el cielo muchas más horas de lo acostumbrado y la luz que emana parece apagarse de lo lenta que resulta.
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El hombre ha regresado entrando por la misma puerta por la que ha salido la última vez y se ha sentado junto a la chica que justo acaba de dejar la taza con el café pegado en el fondo sobre la mesa de la sala. Nunca, ninguno de los dos ha estado consciente en realidad de que esta vuelta del tiempo podría suceder y ninguno de los dos puede asegurar lo que es correcto hacer o decir.
Chica: Forever now can last for ever, pero es la idea de tí la que no estoy segura podría sobrevivir tanto tiempo. Nunca he sabido lo que significa aunque siempre ha estado ahí, porque siempre ha tenido un final cuando el tiempo regresaba a la normalidad. Now, in this enlarged time, everything can be possible… or maybe not.
Hombre: Nunca he tenido el tiempo suficiente para hablar, siempre ha sido un abrir y cerrar de ojos. I always have to leave before I can tell you a thing about the real measurement of time. Perdona…
Chica: Ahora nada podemos hacer y tenemos que lidiar con lo que ha ocurrido. El tiempo se alarga y tenemos demasiado tiempo para descifrarlo, pareciera que fuera una oportunidad pero no estoy segura.
Hombre: Now and then, I’ve never been used to this large thoughts or this large feelings... perdona, pero no se cómo expresarlo.
Chica: Ya no importa, el tiempo se ha volteado en nuestra contra y no hay nada que podamos hacer.
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Algunos días después, algunas horas quizás que por ser tan largas parecen días, la chica se ha levantado del sillón y ha caminado lenta, muy lentamente hacia la puerta. Ha salido a la calle cerrando la puerta que ha producido un sonido tan largo que parece un golpe seco en el cráneo seco de un animal…
Los peces pueden volar, el único problema al que se enfrentan es que no pueden respirar fuera del agua y por lo mismo, no lo intentan tan seguido.
Siempre que hay luna llena, los peces pueden navegar el cielo con seguridad. Hay algo en la luz de la luna que los ayuda a respirar, no tan bien como en el agua, pero pueden sobrevivir. Muchos peces no lo saben, ahora es como un mito urbano para ellos, derivado del hecho de que los humanos los atrapaban fácilmente cuando volaban las noches de luna llena para luego llevarlos a casa y cocinarlos con especias y darlos de comer a los hijos hambrientos de tanto jugar.
Los pocos que lo saben porque lo han descubierto salen a navegar el cielo esas noches. Se cree que los mares lunares se desparraman por el espacio gracias a la luz solar que rebota en la luna. Como sea, los peces nadan entre los destellos débiles de las estrellas y otros planetas. Salen flotando en la atmósfera empapada de luz de luna llena y cazan luciérnagas con gran facilidad.
Un pez lunatizado sabe mejor que un pez sólo del agua porque conoce muchos secretos del mundo que un pez normal nunca podría saber y aunque se lo contaran otros peces no podría creerlo. Un pez de la luna puede cantar, por ejemplo. En realidad no puede articular palabras como las que conocemos los humanos entonces sus canciones son sonidos acuosos que salen de sus branquias, parecidos al silbido que produce el viento cuando recorre los carrizales. Cantan inspirados por el aire frío que los recorre cuando vuelan, se inspiran muchas veces en el brillo tenue de las estrellas o en la luz de las luciérnagas que van comiendo durante el viaje. Cuando vuelan, cambian de estanque sin problema y es así como ocurren cosas parecidas a la polinización, pero debajo del agua.
Siempre que mires un pez navegando la luz de la luna llena, déjalo ir en paz, pero no olvides darle una migaja como premio por ser tan valiente.
Lunar
Debí haberlo sabido, con las pesadillas comenzaba el desastre como si fueran sueños premonitorios. La lluvia no ayudó.
El primer sueño que tuve fue el de los niños muriendo. Acribillados por un verdugo sin identidad, en la terraza de esa casa extraña que en el sueño era mía pero que en realidad no conozco. Soñar la segunda parte, en donde contaba a mi madre ese sueño que resultaba ser premonitorio de este nuevo sueño, no fue la mejor idea. Que mi madre, en el segundo sueño, confirmara que esos niños habían sido secuestrados debió haberme dado un indicio del desastre que ocurrió unas horas después.
El servicio meteorológico había pronosticado 36 horas continuas de lluvia y lo único que pensé fue en cancelar mis compromisos para no salir de casa. La lluvia me gusta pero mojarme no es exactamente mi deporte favorito. Cuando llueve, me gusta estar bajo techo y tomar bebidas calientes. Justo antes de que comenzara a llover soñé que caía de la ventana del comedor del apartamento del piso 14 luego de romperla accidentalmente por haber tropezado con la alfombra. Recuerdo a la perfección la caída y por fortuna no recuerdo el golpe, pero con eso tengo. Cuando analizaban el porqué de mi caída y el ángulo de mi cuerpo roto, comenzó a llover.
Luego, las fotos comenzaron a borrarse lentamente, como acuarelas deslavadas por la interminable lluvia. En realidad no hubiese notado este detalle de no haber sido por la mancha, pero esa tarde me dí cuenta de que se habían deslavado y habían dejado un manchón grisáceo escurrido en la mesa, en el piso y en algunas paredes. Manchas imprecisas e informes formadas por un revoltijo de fragmentos de imagen. El desastre había comenzado a formarse y yo me la pasaba soñando cosas extrañas y tomando café.
Cuando me convencí de que las manchas no se borrarían pues estaban secas y hechas parte de los objetos, decidí dejarlas por la paz. Al final tenía que ocuparme de otras cosas más importantes como lavar los trastes que se acumulaban a pasos agigantados, lavar la ropa en partes y sacar la basura. Comencé juntando todos los desperdicios que pude encontrar en la casa, incluso las cosas que ya no me servían como papeles viejos, un cargador de pilas inservible, ropa que no había usado en más de seis meses y otras cosas similares. Cuando tuve las bolsas listas salí a depositarlas a la calle y fue cuando el perro decidió escapar. Intenté atraparle pero lo único que conseguí fue que corriera desesperadamente escapando de mí varias cuadras. Me detuve sofocada, lejos de casa, me quedé mirando como escapaba el perro frenético que pareció alejarse instintivamente del inminente desastre. Ahora sé que debí seguirle.
Regresé a casa cansada de correr. Decidí que si el perro quería o tenía intenciones de volver lo haría en algún momento de la noche, hambriento. Cerré las cortinas y me acosté en la cama sin taparme. Fue durante ese sueño frío y sin fondo donde me precipité al inminente desastre....
Sí… ya qué!
Ok, break entre los cuentos por el cumple.
Gracias a todos los que me felicitaron, a los que celebrarán conmigo y gracias por estar!!!!
Creo que asimilo el 14 de febrero… es bueno hacerlo antes de los 30, no?
El silencio no es sólo uno. Hay muchos tipos de silencio, como tipos de personas y tipos de interacciones entre esas personas.
Ayer por ejemplo, entre mi amigo poeta y yo existían silencios cómodos de pausa conversacional por falta de temas para platicar a las dos de la mañana mientras íbamos por unos tacos sentados en el asiento trasero de un auto. Existen silencios cómodos e incómodos, también existen silencios obligados como los que te imponen en la primaria cuando eres pequeño y te exigen trabajar en silencio para que tú y todos los demás puedan concentrarse.
Existen silencios de colores también. Los hay púrpuras como los que genero con Fabián algunas veces –sobre todo cuando no fluye nuestra conversación por teléfono–, los hay fosforescentes incluso, como los silencios en las fiestas donde la gente ha bebido y comido demasiadas cosas.
Hay silencios adelantados, como los de mi amigo poeta cuando canta. También hay sonidos que se retrasan, como los de mi madre cuando discutíamos y llegaban al final de la discusión en lugar de intercalarse entre la plática. Hay silencios que se repiten, esos los conozco porque mi hermano tocaba el piano y repetía y repetía una pequeña frase hasta aprenderla, con todo y sus silencios, que si no aprendes los silencios musicales la música deja de tener sentido. Hay que saber cuando no tocar una nota y cuando sí.
Supongo que algo parecido les pasa a los artistas plásticos. Guardan silencio largo rato mientras crean y luego lo depositan durante sus exposiciones en las galerías y los museos, por eso tienden a ser lugares tan carentes de sonido. Hay algunos que mejor le ponen música a su obra, para matar al silencio que tal vez les parezca insoportable, o simplemente se trataba de destruirlo como parte de la obra para que notes la falta del mismo.
Hay silencios esponjosos que te acogen como almohadones de pluma y silencios tan tensos que son duros como piedra volcánica. Hay silencios forzados y silencios que fluyen solos. Alguien en algún lugar perdido en la memoria de mis días me dijo que compartíamos el silencio. También hay silencios solitarios, como existe gente solitaria.
Sin el silencio el mundo simplemente no funcionaría, es necesario que exista para que la vida y sus cosas puedan tener un orden. Sin el silencio, el mundo entero se detendría y todos caeríamos al espacio sin poder evitarlo, jalados por el silencio espacial que rodea a nuestro planeta que no habría sabido quedarse callado para escuchar…
–No hables con extraños, Leonor– solía decirle su madre cada vez que iban al parque para que la niña correteara entre los árboles pelones del parque de la colonia S.
Leonor pocas veces escuchaba lo que su madre decía. Por lo general estaba pensando en un helado de limón que es su favorito, en una pelota roja que le habían regalado de reyes o en cualquier bicho que hubiese visto revolotear por ahí.
Una tarde de verano, de esas tardes perdidas entre días y días de vacaciones, la madre le dijo a Leonor que la llevaría a un parque mucho más grande que el de la colonia, pero que tendría que aguantar un largo camino sentada y tranquila en el asiento de atrás del auto mientras llegaban. Leonor pensaba en los árboles contra el cielo azul que podría fotografiar con su polaroid rosa. Se vistió con su vestido rojo favorito, subió al auto, se abrochó el cinturón de seguridad y esperó pacientemente el largo camino mientras miraba por la ventana como las nubes cambiaban de forma.
Cuando llegaron bajó corriendo del auto. –¡Leonor, no hables con extraños!– gritó su madre mientras ella se alejaba un poco hacia un grupo de árboles pequeños que inauguran el principio del bosque. Tomaba fotos, echada de espaldas sobre el pasto, de las hojas verdes que se mecían plácidamente y de pronto, sin comprenderlo demasiado, sintió paz. Sin saberlo, se quedó dormida, respirando tranquilamente.
Cuando despertó, Leonor estaba en parada en la banqueta de una calle algo transitada. Rodeada de gente, mucho más alta de lo que recordaba ser antes de quedarse dormida. No usaba el mismo vestido que se había puesto para ir al parque grande pero la falda gris oxford que usaba ahora le gustó. Tenía en una mano un helado de limón y de su hombro colgaba un elegante portafolios café. Metió la mano en la bolsa exterior del mismo y encontró las fotos de los árboles, recordó que en algún momento había tenido una cámara polaroid rosa.
La invadieron unas ganas espantosas de gritar, de cantar, de correr a casa. Ganas de jugar con la pelota roja, con las hojas de los árboles y de hablar con extraños. Sin pensarlo dos veces, volteó a ver al señor que estaba parado junto a ella esperando a cruzar, dijo buenas tardes en voz alta y sonrió. El semáforo cambió a rojo y cruzó la calle a todo correr, como una loca.
Leonor recordó que hablar con extraños no es tan malo como su madre le había contado, sobre todo si ese extraño se llama igual que uno.
Lo que cabe en 57 días es infinito, incontable. Cabe un viaje, cabe una película, cabe melancolía, cabe alegría. Durante 57 días transcurren 1,368 horas, 82,080 minutos y 4,924,800 segundos, evidentemente son dos meses, dos lunas llenas, dos lunas menguantes, dos lunas nuevas, dos lunas crecientes y con suerte y buen clima, más de 30 noches estrelladas.
En 57 días puede declararse una guerra o firmarse la paz del mundo, pueden nacer unos cuantos millones de niños y morir otros tantos millones de viejos, seguro pueden destruir una ciudad en mucho menos tiempo, puede levantarse una casa pequeña en medio de un bosque y puede gestarse y nacer un pequeño zorro que habite en una madriguera cercana a esa casa.
Durante esos 57 días habrá por lo menos 25 fiestas en donde se beberán más de 57 cervezas, se escucharán miles de canciones de las cuales por lo menos una tercera parte se repetirán. En 57 días podría visitar todos los museos de la ciudad, recorrer todas las calles del centro, caminar desde ahí a mi casa y aún así, descansar lo suficiente para el siguiente fin de semana. 57 días durante los cuales puedo soñar un sueño diario, comer una manzana diaria y patinar un kilómetro diario. Puedo dejar de fumar esos 57 cigarros y ahorrarme poco más de 60 pesos, beber dos litros de agua diarios hasta juntar 114, tomar 57 pastillas de vitaminas, comerme una res completa, un puerco y varias decenas de atunes. Bañaré al perro por lo menos 4 veces, caminaremos un promedio de 285 cuadras juntas, comerá 8 kilos de croquetas y destruirá un par de juguetes.
57 días con sus noches empezando desde hoy.
Puedo escribir un cuento diario esperando a que vuelvas…
