X. El temblor

Cuando el temblor de 1985, sí ese mismo que le dió en la torre a media capital, yo tenía 4 años. Vivíamos muy cerca del centro de Tlalpan, un lugar cimentado en roca volcánica.

Recuerdo que por esos días yo padecía de no-sueño y me levantaba muy temprano, por lo que a las 6 de la mañana ya me estaba buscando yo alguna actividad como dibujar o jugar con las muñecas hasta que mi mamá me mandara a vestir para ir a la escuela.

Ese día, el del temblor, estaba yo sentada sobre dos sillas apiladas la una sobre la otra. Una de ellas había sido una mecedora con la que disfrutaba meciéndome mientras escuchaba las canciones de Cri-Crí pero en algún momento mi papá la convirtió en silla porque creo que se rompieron las patas. Dibujaba sobre un escritorio-librero que mi papá construyó –sí, tiene dotes de carpintero– y me parece que coloreaba un libro con dibujos de animales. Me gustaba mucho colorear.

Comenzó el movimiento y el librero casi se viene encima mío, si hubiese sido así, seguro me mata. Pero no, logré saltar de las sillas y corrí a la recámara de mis papás. Mi mamá ya estaba en la regadera y mi papá estaba sentado en la cama.

–¿Qué pasa? ¿qué pasa?– pregunté. La respuesta que recibí no contuvo palabra alguna. Mi padre me cargó en brazos y corrió a la sala, ahí fue cuando me dijo que estaba temblando. Mi hermano caminaba por el pasillo rebotando de una pared a otra como pelota de goma. Mi mamá seguía en la regadera pero para ese momento seguro ya se había quedado sin agua y estaba bastante asustada.

No recuerdo lo que pasó después pero sí recuerdo que la lámpara colgante del comedor oscilaba locamente. Al final quedamos los cuatro casi en la entrada de la casa, abrazados –mamá envuelta en una toalla verde y toda mojada.

Me gustan los temblores… mucho, si he de confesar.

Aquí la susi.pop,
el 10 del 03, cuando nadie mira,
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IX. From hell

Extracto de la libreta roja, resultante de una extensa plática nocturna con el demonio rojo que habita mi alcoba y baila al anochecer.

"Yo prefiero que me entreguen un estómago palpitante lleno de sangre en la mano a que me regalen un jardín de flores porque eso es realidad en toda la extensión de la palabra. Yo no quiero un ego construido sobre una idea efímera y romántica de lo que tendría que ser un caballero rosa y cursi. Quiero comer un corazón ensangrentado, sazonado con cosas cotidianas como lavar ropa, tomar café en la mañana, trabajar arduamente, amanecer descompuesto y enfermarse de gripa.

“Quiero sacarte el cerebro todas las noches para saber lo que esconde en lo más profundo y oscuro, porque eso es lo que realmente somos todos. Las capas de cebolla que nos cubren son síntesis efímeras de un demonio que se esconde en las profundidades y muestra muchas caras al mundo. No me jales al agujero de una felicidad prefabricada, llévame al infierno visceral que se esconde en tu refrigerador, aliméntame de eso.

“Ansío estrellarme contra la realidad luego de caer y caer en la oscuridad. Quiero saltar y recoger mi cuerpo destrozado contra las rocas del acantilado más abrupto que pueda encontrar en tu interior. Quiero estrellarme contra todas las rocas de tu inconsciencia y saber qué es lo que habita en las cuevas que se abren entre ellas. Pelear contra cualquier otro demonio que me encuentre en la expedición y devorarlo, como he hecho siempre.

“Prefiero una áspera realidad que vivir entre almohadones de plumas perfumados. Dame eso ...y me tendrás toda la vida.”

Aquí la susi.pop,
el 09 del 03, comiendo,
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8. Infinito

La ausencia no es igual a lejanía no es igual a soledad no es igual a abandono no es igual a soledad no es igual a lejanía no es igual a ausencia...

Infinitamente lejos e infinitamente cerca. Infinitamente se separa el tiempo en una infinidad de partes infinitamente pequeñas. Se expande infinitamente, se hace grande. Infinitas son las cosas que podemos pensar si sabemos que el infinito está contenido dentro de cada uno de nosotros a la vez que nos contiene. Infinitamente vaga nuestro planeta por el espacio y nosotros por consiguiente. En realidad, nada termina porque nada ha comenzado.

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Con un vaso de cartón lleno de café en la mano ella sale de la cafetería haciendo nada diferente a todas las mañanas. Se detiene porque cree que ha olvidado la libreta en el mostrador, pero al abrir el portafolios café se da cuenta de que no es así y continúa su camino. Al llegar a la siguiente esquina se detiene un segundo antes de cruzar la calle. Él camina en dirección contraria y justo antes de dar el paso definitivo que lo pondrá junto a ella suena el teléfono que está guardado en el bolsillo interior de su chamarra. Nunca la miró porque agachó la mirada para alcanzar a contestar esa llamada del amigo que lo invitó a la noche de cartas, como todos los jueves.

Con un vaso de cartón lleno de café en la mano ella sale de la cafetería haciendo nada diferente a todas las mañanas. Al llegar a la siguiente esquina se detiene un segundo antes de cruzar la calle. Él camina en dirección contraria y justo antes de dar el paso definitivo que lo pondrá junto a ella recuerda que ha olvidado apagar la cafetera; eso pasa algunas veces. Da media vuelta y regresa por donde vino, sube los dos pisos por las escaleras hasta su apartamento y apaga la cafetera que comenzaba a calentarse demasiado. Ella ha entrado en el edificio de al lado y ha subido los dos pisos por las escaleras hasta su oficina.

Con un vaso de cartón lleno de café en la mano ella sale de la cafetería haciendo nada diferente a todas las mañanas. Al llegar a la siguiente esquina se detiene un segundo antes de cruzar la calle. Él camina en dirección contraria y justo antes de dar el paso definitivo que lo pondrá junto a ella la mira a los ojos por primera vez, pero ella no mira a los extraños de esa manera y continúa su camino con la mirada dirigida al frente. Él piensa que ha olvidado su agenda en la mesa de la cocina, pero cree que no es importante y decide continuar su camino hasta la oficina donde preguntará a la secretaria las citas que tiene el día de hoy.

Con un vaso de cartón lleno de café en la mano ella sale de la cafetería haciendo nada diferente a todas las mañanas. Al llegar a la siguiente esquina se detiene en seco justo antes de arrollar a un pequeño niño que se ha agachado a levantar la bufanda que ha tirado al piso accidentalmente. En ese momento, él comienza a cruzar la calle y justo antes de llegar a la siguiente esquina el cordón que sostiene el portafolios se ha soltado. Se ha agachado a levantarlo y sólo ha mirado un par de tacones negros que han pasado de largo esquivando al segundo humano agachado en menos de cien metros de calle.

Con un vaso de cartón lleno de café en la mano ella sale de la cafetería haciendo nada diferente a todas las mañanas. Justo antes de llegar a la siguiente esquina ha dejado caer la servilleta de papel que le han dado junto con el vaso lleno de café y en un momento de conciencia ecológica ha vuelto dos pasos para levantarla. Justo en ese instante él cruza la calle y cuando logra alcanzar la siguiente esquina ella se levanta, da media vuelta y se da cuenta demasiado tarde de que él está frente a ella. Lo ha bañado con el café caliente, ha sido una suerte que haya levantado esa servilleta de papel unos segundos antes…

Aquí la susi.pop,
el 02 del 03, muy tarde,
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VII. Mutis

El amanecer fue inexplicablemente hermoso el día que el sonido dejó de existir en el mundo, como un aviso para los atentos. Como un recordatorio de que las cosas que miramos eran igual de importantes que las cosas que escuchábamos.

Esa mañana los pájaron cantaron sonidos mudos al hermoso amanecer. El hombre despertó y descubrió que nunca más podría decir buenos días a su amada, que tardó horas de más en despertar porque no pudo escuchar el sonido del despertador. Los niños celebraron el asunto jugando caras y gestos como primera actividad, las abuelas lloraron en silencio.

Ese día se reunieron los dirigentes del mundo para decidir el nuevo código que comunicaría al mundo al saber que los teléfonos son inservibles ahora. Decidieron símbolos nuevos para la música, para gritar y para estornudar, pero la tristeza comenzó a acomodarse en los corazones de la gente común que todos los días y continuamente lloraban lágrimas silenciosas.

El hombre de la montaña gritó al mundo un grito que no movió un ápice del aire frío que lo rodeaba. Sin saberlo, se salvó de que una avalancha de nieve y piedras heladas cubriera su casa si el grito hubiese existido. Los gorilas dejaron de comunicarse y las guacamayas del Brazil no pudieron decir cosas al vuelo. Los grillos dejaron de encontrarse y poco a poco, el mundo se puso gris.

Nunca, nadie había pensado que el sonido desaparecería del mundo algún día y por supuesto nadie tomó las precauciones necesarias. Muy pocos habían desarrollado la forma de convertir ciertos sonidos a imágenes, pero era inútil; sin las ondas sonoras propagándose por el aire nada podía hacerse.

Paulatinamente las guerras terminaron por perder sentido porque las bombas no podían escucharse y los soldados regresaron a casa calladamente, sin alegría, porque sabían muy bien que no podrían decir cuánto habían extrañado a sus madres y a sus hermanos.

El mundo, en silencio, cambió para siempre.

Aquí la susi.pop,
el 01 del 03, tarde,
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VI. Un verano

La vida tranquila de Mariana, como siempre tranquila. 

Mariana recurrente al capítulo repetido donde su vida se mantenía en calma, sin sobresaltos, sin problemas. Hacer el amor, encender el calentador del agua, hacer café para que el hombre con el que vivía pudiera desayunar, platicar un poco con él mientras comían algún pan y despedirle en la puerta cuando él partía a trabajar todo el día.

Estando sola en esa casa tan enorme Mariana se sentía pequeña viviendo días tranquilos, tibios e iguales, todo el tiempo haciendo lo que debía hacer ahí dentro: espinacas hervidas con mantequilla para cenar, tallar unos calcetines, limpiar los pisos y tal vez salir un rato a la tintorería mientras paseaba platicando con el perro que le hacía compañía en silencio. Días y días, soleados y lluviosos, todos iguales, todos tranquilos.

Estaba segura, al igual que sus padres, que era la vida tranquila que ella siempre deseó.

Una noche, mientras cenaban alcachofas, el hombre con el que dormía le pidió que buscara un empleo que les permitiera pagar algunas deudas que él había adquirido antes de ir a vivir con ella, porque lo que Mariana ganaba en ese momento con el trabajo desde casa sumado al sueldo que él lograba en la pequeña empresa que lo había contratado no eran suficiente para pagar. Ella prometió ayudar.

Algún día tranquilo, luego de hacer el amor, prender el calentador del agua, hacer el café, comer un pan, platicar con el hombre y despedirle desde la puerta, ella comenzó a arreglarse para salir más temprano y por más tiempo.

Salió, recorrió las calles en su pequeño coche gris. Llegó a la nueva oficina del nuevo empleo y luego que subió por el elevador su vida cambió, primero imperceptiblemente, luego precipitadamente y nunca volvió a ser la misma.

...

Ella guarda una fotografía de la primera vez que le miró. Nada que los rodeara fue importante sólo esa sonrisa un poco tímida, un poco expectante y la luz contenida en la mirada de niño que la contemplaba. Recuerda Mariana en la fotografía cálida del momento cálido. Recuerda, y ahora deja de llorar lágrimas cálidas.

...

Mariana pequeña dejó de caber en su vida tranquila y no volvió a dormir tranquila. Pasaron algunos días tranquilos que ahora más que antes la asfixiaban y la aplastaban contra los pisos limpios. No duerme más, no hace buen café y el pan se pone duro. El hombre que duerme impasible a su lado parece un muñeco frío de madera y Mariana sabe que él no tiene la culpa, nadie tiene la culpa, sólo ella.

Un beso furtivo paró el mundo que ella conocía y lo desmoronó, pero la culpa no fue de nadie, sólo de ella. El hombre que ahora no dormiría junto a ella regresó a casa de sus padres no sin antes decirle que debió encontrar un trabajo que le permitiera estar más tiempo en casa. Despidió a la enorme casa con una enorme fiesta y luego de rescatar algunos recuerdos para venderlos, la derrumbó. Cambió el color de su cabello, el olor de su piel. Mariana cambió de nombre y de amigos, ella se reinventó.

...

El hombre con mirada de niño la siguió unos cuantos meses. Cuando Mariana volteaba un poco, él estaba ahí y ella se aseguraba de dejar rastros de pan de desayuno para que él la encontrara con facilidad. Se fueron de viaje en una burbuja, hicieron el amor entre luciérnagas y con la luna en el buró, recorrieron caminos largos y volvieron volando. Durmieron bien muchas cortas noches para luego despertar pocas mañanas juntos. Cantaron, hicieron música y soñaron hasta que una noche sin luna, con motivos ajenos y sin la razón bien puesta, él se fue…

...

El hombre cálido ya no vuela junto a Mariana grande, ya no la sigue y ya no canta para ella. Ella lo sueña y en esos sueños él grita cosas que nunca dijo antes de marcharse. Ella siente angustia por nada, siente alegría por nada, tristeza que no es de ella y le duelen los golpes que ella no recibió. Mariana grande se siente sola y llora lágrimas de miel.

Mariana extrañaba todo y se ponía mal por cualquier cosa sin importancia. Siguió sus planes, aprendió a extrañarle al punto de no extrañarle. Aprendió a no desear besar a nadie, a no reconocer olores de nadie, ni las voces en los sueños. Aprendió por fin a no escribir para alguien, a no cantar para alguien y a estar sola. No volvió a dormir bien… o volvió a levantarse temprano.

...

Mariana tiene ahora una casa pequeña en donde se siente enorme. Pinta sus uñas color uva, camina descalza por la sala con el cabello revuelto y en pijama mientras en la cocina se hace el café para dos que no están juntos. Mariana espera al que no tarda en llegar no esperando junto a una puerta sin cerradura que viaja con ella a todos lados.

La luna sueña, sólo sueña…

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el 24 del 02, cuando nadie mira,
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V. Cuando el tiempo se voltea

Now, the enlargement of time is on this very same side...

Ahora el tiempo es largo y resulta no ser una dimensión alterna como solía serlo hace unos meses. Transcurre lentamente y se mueve pesadamente, como una gelatina que lo cubre todo, desde la puerta de la entrada hasta la barda del patio trasero. El tiempo alargado es ahora el tiempo normal, mientras el tiempo normal se ha perdido en quién sabe que lugar del mundo.

Los días se han vuelto tan largos que no se sabe exactamente donde termina uno y comienza otro. Las noches se intercalan en algún momento conteniendo sonidos de los grillos que se hacen tan largos que parecen susurros de personas que habitan la habitación contigua. La luna llena ocupa el cielo muchas más horas de lo acostumbrado y la luz que emana parece apagarse de lo lenta que resulta.

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El hombre ha regresado entrando por la misma puerta por la que ha salido la última vez y se ha sentado junto a la chica que justo acaba de dejar la taza con el café pegado en el fondo sobre la mesa de la sala. Nunca, ninguno de los dos ha estado consciente en realidad de que esta vuelta del tiempo podría suceder y ninguno de los dos puede asegurar lo que es correcto hacer o decir.

Chica: Forever now can last for ever, pero es la idea de tí la que no estoy segura podría sobrevivir tanto tiempo. Nunca he sabido lo que significa aunque siempre ha estado ahí, porque siempre ha tenido un final cuando el tiempo regresaba a la normalidad. Now, in this enlarged time, everything can be possible… or maybe not.
Hombre: Nunca he tenido el tiempo suficiente para hablar, siempre ha sido un abrir y cerrar de ojos. I always have to leave before I can tell you a thing about the real measurement of time. Perdona…
Chica: Ahora nada podemos hacer y tenemos que lidiar con lo que ha ocurrido. El tiempo se alarga y tenemos demasiado tiempo para descifrarlo, pareciera que fuera una oportunidad pero no estoy segura.
Hombre: Now and then, I’ve never been used to this large thoughts or this large feelings... perdona, pero no se cómo expresarlo.
Chica: Ya no importa, el tiempo se ha volteado en nuestra contra y no hay nada que podamos hacer.

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Algunos días después, algunas horas quizás que por ser tan largas parecen días, la chica se ha levantado del sillón y ha caminado lenta, muy lentamente hacia la puerta. Ha salido a la calle cerrando la puerta que ha producido un sonido tan largo que parece un golpe seco en el cráneo seco de un animal…

Aquí la susi.pop,
el 24 del 02, cuando nadie mira,
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IV. Pez

Los peces pueden volar, el único problema al que se enfrentan es que no pueden respirar fuera del agua y por lo mismo, no lo intentan tan seguido.

Siempre que hay luna llena, los peces pueden navegar el cielo con seguridad. Hay algo en la luz de la luna que los ayuda a respirar, no tan bien como en el agua, pero pueden sobrevivir. Muchos peces no lo saben, ahora es como un mito urbano para ellos, derivado del hecho de que los humanos los atrapaban fácilmente cuando volaban las noches de luna llena para luego llevarlos a casa y cocinarlos con especias y darlos de comer a los hijos hambrientos de tanto jugar.

Los pocos que lo saben porque lo han descubierto salen a navegar el cielo esas noches. Se cree que los mares lunares se desparraman por el espacio gracias a la luz solar que rebota en la luna. Como sea, los peces nadan entre los destellos débiles de las estrellas y otros planetas. Salen flotando en la atmósfera empapada de luz de luna llena y cazan luciérnagas con gran facilidad.

Un pez lunatizado sabe mejor que un pez sólo del agua porque conoce muchos secretos del mundo que un pez normal nunca podría saber y aunque se lo contaran otros peces no podría creerlo. Un pez de la luna puede cantar, por ejemplo. En realidad no puede articular palabras como las que conocemos los humanos entonces sus canciones son sonidos acuosos que salen de sus branquias, parecidos al silbido que produce el viento cuando recorre los carrizales. Cantan inspirados por el aire frío que los recorre cuando vuelan, se inspiran muchas veces en el brillo tenue de las estrellas o en la luz de las luciérnagas que van comiendo durante el viaje. Cuando vuelan, cambian de estanque sin problema y es así como ocurren cosas parecidas a la polinización, pero debajo del agua.

Siempre que mires un pez navegando la luz de la luna llena, déjalo ir en paz, pero no olvides darle una migaja como premio por ser tan valiente.

Lunar

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el 24 del 02, cuando nadie mira,
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III. El principio de un desastre

Debí haberlo sabido, con las pesadillas comenzaba el desastre como si fueran sueños premonitorios. La lluvia no ayudó.

El primer sueño que tuve fue el de los niños muriendo. Acribillados por un verdugo sin identidad, en la terraza de esa casa extraña que en el sueño era mía pero que en realidad no conozco. Soñar la segunda parte, en donde contaba a mi madre ese sueño que resultaba ser premonitorio de este nuevo sueño, no fue la mejor idea. Que mi madre, en el segundo sueño, confirmara que esos niños habían sido secuestrados debió haberme dado un indicio del desastre que ocurrió unas horas después.

El servicio meteorológico había pronosticado 36 horas continuas de lluvia y lo único que pensé fue en cancelar mis compromisos para no salir de casa. La lluvia me gusta pero mojarme no es exactamente mi deporte favorito. Cuando llueve, me gusta estar bajo techo y tomar bebidas calientes. Justo antes de que comenzara a llover soñé que caía de la ventana del comedor del apartamento del piso 14 luego de romperla accidentalmente por haber tropezado con la alfombra. Recuerdo a la perfección la caída y por fortuna no recuerdo el golpe, pero con eso tengo. Cuando analizaban el porqué de mi caída y el ángulo de mi cuerpo roto, comenzó a llover.

Luego, las fotos comenzaron a borrarse lentamente, como acuarelas deslavadas por la interminable lluvia. En realidad no hubiese notado este detalle de no haber sido por la mancha, pero esa tarde me dí cuenta de que se habían deslavado y habían dejado un manchón grisáceo escurrido en la mesa, en el piso y en algunas paredes. Manchas imprecisas e informes formadas por un revoltijo de fragmentos de imagen. El desastre había comenzado a formarse y yo me la pasaba soñando cosas extrañas y tomando café.

Cuando me convencí de que las manchas no se borrarían pues estaban secas y hechas parte de los objetos, decidí dejarlas por la paz. Al final tenía que ocuparme de otras cosas más importantes como lavar los trastes que se acumulaban a pasos agigantados, lavar la ropa en partes y sacar la basura. Comencé juntando todos los desperdicios que pude encontrar en la casa, incluso las cosas que ya no me servían como papeles viejos, un cargador de pilas inservible, ropa que no había usado en más de seis meses y otras cosas similares. Cuando tuve las bolsas listas salí a depositarlas a la calle y fue cuando el perro decidió escapar. Intenté atraparle pero lo único que conseguí fue que corriera desesperadamente escapando de mí varias cuadras. Me detuve sofocada, lejos de casa, me quedé mirando como escapaba el perro frenético que pareció alejarse instintivamente del inminente desastre. Ahora sé que debí seguirle.

Regresé a casa cansada de correr. Decidí que si el perro quería o tenía intenciones de volver lo haría en algún momento de la noche, hambriento. Cerré las cortinas y me acosté en la cama sin taparme. Fue durante ese sueño frío y sin fondo donde me precipité al inminente desastre....

Aquí la susi.pop,
el 17 del 02, a medio día,
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14 de febrero

Sí… ya qué!

Ok, break entre los cuentos por el cumple.

Gracias a todos los que me felicitaron, a los que celebrarán conmigo y gracias por estar!!!!

Creo que asimilo el 14 de febrero… es bueno hacerlo antes de los 30, no?

Aquí la susi.pop,
el 15 del 02, cuando nadie mira,
habla de yoyoYoítis • (0) rayos de luna

II. Silencios

El silencio no es sólo uno. Hay muchos tipos de silencio, como tipos de personas y tipos de interacciones entre esas personas. 

Ayer por ejemplo, entre mi amigo poeta y yo existían silencios cómodos de pausa conversacional por falta de temas para platicar a las dos de la mañana mientras íbamos por unos tacos sentados en el asiento trasero de un auto. Existen silencios cómodos e incómodos, también existen silencios obligados como los que te imponen en la primaria cuando eres pequeño y te exigen trabajar en silencio para que tú y todos los demás puedan concentrarse.

Existen silencios de colores también. Los hay púrpuras como los que genero con Fabián algunas veces –sobre todo cuando no fluye nuestra conversación por teléfono–, los hay fosforescentes incluso, como los silencios en las fiestas donde la gente ha bebido y comido demasiadas cosas.

Hay silencios adelantados, como los de mi amigo poeta cuando canta. También hay sonidos que se retrasan, como los de mi madre cuando discutíamos y llegaban al final de la discusión en lugar de intercalarse entre la plática. Hay silencios que se repiten, esos los conozco porque mi hermano tocaba el piano y repetía y repetía una pequeña frase hasta aprenderla, con todo y sus silencios, que si no aprendes los silencios musicales la música deja de tener sentido. Hay que saber cuando no tocar una nota y cuando sí.

Supongo que algo parecido les pasa a los artistas plásticos. Guardan silencio largo rato mientras crean y luego lo depositan durante sus exposiciones en las galerías y los museos, por eso tienden a ser lugares tan carentes de sonido. Hay algunos que mejor le ponen música a su obra, para matar al silencio que tal vez les parezca insoportable, o simplemente se trataba de destruirlo como parte de la obra para que notes la falta del mismo.

Hay silencios esponjosos que te acogen como almohadones de pluma y silencios tan tensos que son duros como piedra volcánica. Hay silencios forzados y silencios que fluyen solos. Alguien en algún lugar perdido en la memoria de mis días me dijo que compartíamos el silencio. También hay silencios solitarios, como existe gente solitaria.

Sin el silencio el mundo simplemente no funcionaría, es necesario que exista para que la vida y sus cosas puedan tener un orden. Sin el silencio, el mundo entero se detendría y todos caeríamos al espacio sin poder evitarlo, jalados por el silencio espacial que rodea a nuestro planeta que no habría sabido quedarse callado para escuchar…

Aquí la susi.pop,
el 13 del 02, a medio día,
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