El sueño de todas las noches…

Que coincidencia más extraña…

Hay una marca de playeras que me gusta mucho y que sólo puedo comprar por internet pero que valen la pena del pago del envío Threadless.

Estoy suscrita al newsletter y hoy me ha llegado uno con una playera tipo comic… que me llamó la atención porque extrañamente resulta ser la ilustración perfecta para un cuentito que escribí hace un tiempo. Lo dejo, ahora ilustrado:


Una noche de las que hay pocas en la vida, Selene decide volar. Encaramada en el marco de la ventana el viento de la noche acaricia suavemente su cabello en un gesto de recibimiento helado y Selene, luego de respirar profundo, suavemente, se entrega a la maravillosa sensación de flotar a la deriva en la noche casi oscura de luna menguante. Flota, como pocas noches lo hace, se retuerce y se estira con la flexibilidad de la seda al viento. Flota lejos Selene, sostenida por el viento nocturno que bien la conoce y que jamás la dejará caer.

Flotando, flotando, se aleja lentamente de la ventana y de su noche privada para acercarse un poco a las estrellas que la miran estupefactas mientras la luna la acaricia –near to the moon at night–. Siempre flexible, siempre flotante Selene se queda dormida mecida por el viento helado. Su cara se torna azul y ahora que combina con la luz lunar puede estar tranquila, levemente iluminada y feliz.

Aquí la susi.pop,
el 23 del 07, a medio día,
habla de Lunática • (1) rayos de luna

Desorden de sueño

Mis esquemas de sueño son extraños. Fluctúan entre el día y la noche dependiendo de no-se-qué-cosa a lo largo del mes y tienen varias fases que he ido reconociendo bien definidas con el paso de los años.

Fase de preparación - Irse de reven extremo todo un fin de semana y dormir muy pocas horas (unas 12 entre la noche del jueves y la noche del sábado). Luego es necesario fritear –de frito– todo el domingo y, por qué no, dormir unas 5 horas esa tarde para despertar y darte cuenta de que, en efecto, se te han volteado los horarios.

Fase 1 - Donde te das cuenta que has dormido toda la tarde y sabes perfectamente que no dormirás en las siguientes 12 horas, por lo menos no como quisieras. Esta fase es en donde planeas tu noche de desvelo con filosofía y eliges algunas películas para la primera parte de la noche, algunas de ellas lo suficientemente aburridas como para producirte sueño. Aquí es donde recibes algunas recomendaciones de los cercanos como tomar ciertas pastillas que ayudan a dormir, o tomar algunas infusiones, leer ciertas cosas. En realidad a todos les interesa que te de sueño, no se sabe exactamente el porqué.

Fase 2 - Donde te das cuenta que las películas adormecedoras, las infusiones y las pastillas no funcionarán –porque llevas despierto apenas 3 horas–. Luego de pasar un rato frente a la computadora haciendo nada, decides alejarte de ella y leer ese best seller policiaco que te parece tan aburrido y lento. Cuando empiezas a aburrirte de verdad porque el asesino sólo no aparece –y es la madrugada del domingo al lunes–, intentas dormir… para regresar una hora más tarde a la computadora porque en realidad no puedes pegar el ojo.

Fase 3 - Por fin decides ir a la cama de una vez por todas, no importando que en realidad no duermas. Vueltas, vueltas, vueltas en la cama hasta que por aburrimiento y soledad extrema –se te han terminado los pensamientos y reflexiones– te quedas dormido alrededor de las 3:00am. Puede ser que sueñes raro –en realidad es lo más seguro– y que despiertes varias veces a lo largo de lo que te queda de noche: seguro te levantarás al baño, te molestará un mosco, te mandarán un drunk message, el perro te usará de almohada acalorándote, se te dormirá un brazo, te sobresaltará el vecino tirando un mueble pesado o azotando una puerta o incluso podrías casi caer de la cama de tanto girar. Como sea, no has dormido bien.

Por fortuna siempre saldrá el sol y es justo ahí cuando logras quedarte dormido… para despertar unas dos horas después con el sonido del despertador. Sí, es lunes, ¿recuerdas? debes trabajar.

Fase 4 - Pasas todo el día quedándote dormido, no importa la actividad que realices. Si necesitas ir al banco, la fila te ocasiona sueño; el microbús te arrulla, la música de tu compañero de trabajo hace que se te cierren los ojos, el café ya no te hace efecto –sí, el cuarto que te has tomado–, sientes lo ojos llenos de arena o algo que te nubla la vista y la hora de la comida te aterra porque sabes que la digestión te noqueará sin remedio. Decides saltarte toda probabilidad de siesta porque según tus cálculos, podrás dormir temprano y enderezar la volteada de horario que te cargas. Con suerte podrás conciliar el sueño cercanas las 10 de la noche y eso será suficiente.

Fase 5 - Es aquí donde, un tanto preocupado, te das cuenta de que esta noche de lunes tampoco dormirás. A pesar de haberte saltado la siesta te dan las 12 de la noche despierto porque has tomado demasiados cafés –y otros enervantes, quizás– en tu intento por despertar un poco durante el improductivo día que has tenido y justo ahora te han hecho efecto. Comienzas a verle el lado positivo a trabajar de noche: por lo menos ahora estás más despierto que a las 3 de la tarde y nadie puede molestarte. Adelantas a la velocidad de la luz todo lo que no hiciste durante el día y, tristemente, te quedas sin algo productivo que hacer a las 2 de la mañana. Es hora de ir a la cama y ver qué pasa –ya lo sabes, pero de todas formas lo intentas.

Fase 6 - Duermes 4 horas a lo más porque tu cuerpo está completamente descontrolado con tanto cambio de horario. Tu inconsciente funciona mejor cuando estás despierto y tu consciente cuando estás dormido. Te has despertado a las 4.30am y también te empeñas en verle el lado positivo. Piensas que te encanta escuchar como cantan los grillos al mismo tiempo que los pájaros –se te hace un espectáculo auditivo que pocas veces puedes disfrutar–, te viene a la mente esa frase de película, sí, carpe diem o aquella otra: al que madruga, dios lo ayuda. Piensas que si despertaras así de temprano todos los días podrías hacer el ejercicio que tanto te hace falta –lástima que no tengas una rutina, si no, lo harías ahora mismo–, preparas café, un buen desayuno, te duchas, tienes tiempo de arreglarte sin prisas, comienzas a trabajar temprano. ¡Dormir es una mala costumbre! te dices sintiéndote orgulloso de lo productivo que eres.

Lo que no sabes… es que tu cerebro está alerta porque pasa por un momento de ajuste y debe adaptarse a las nuevas condiciones de vida.

Fase 7 - Es la más larga de todas. Durante toda una semana duermes muy poco –unas 4 o 5 horas diarias– o en desorden –3 horas de siesta en la tarde y tres horas de siesta en la madrugada– y casi llegando al jueves te das cuenta que algo anda mal… muy mal. Tu estado de ansiedad es indescriptible. Pareciera que te metes anfetaminas y cuando te lo preguntan respondes “sonriente” que lo único que has tomado últimamente es cafeína –acompañada de nicotina si es que fumas–. Ahora la única solución es no dormir durante unas 24 horas, por lo menos, para volver al horario bajo el que vive la gente normal –sí, comienzas a sentirte un ser anormal–. Ya no piensas claramente, por lo menos no lo que deberías pensar. Se te ocurren cosas extrañas como salir a pasear con el perro a las 2am. o pintar una pared de tu alcoba a las 3 de la tarde del miércoles. Recuerdas en algún momento de la semana a una de las protagonistas de Requiem for a dream, esa de las anfetaminas y te burlas de tí mismo por ser tan desordenado. Piensas que qué más da, ya dormirás el fin de semana… de tu cumpleaños 50.

Fase 8 - La noche del jueves recibes una llamada acompañada de una invitación de esas que no puedes rechazar. No importa si es una amiga en desgracia, un prospecto coquetón o un amigo reventado que lleva horas bebiendo con los de la oficina, lo que importa es salir de tu casa a vaciar en alguna fiesta de juebebes toda la adrenalina –o cafeína– que llevas en la sangre luego de la semana de infierno que has pasado. Te vas de reven pensando que será sólo un ratito porque mañana viernes tienes que trabajar y cuando tu consciente comienza a trabajar topas que son las 3 de la mañana y se te han pasado un poco esas cervezas que mezcladas con el cansancio se te han subido bien rico a la cabeza.

Fase 9 - Te entregas al reven extremo todo el fin de semana. El viernes prácticamente no trabajas, el sábado pasas festejando cualquier cosa desde las primeras horas de la tarde –en realidad te dormiste unas 3 horas, te bañaste y te saliste a “comer” con tus amigos– y cuando por fin llegas al domingo y crees que podrás fritear de nuevo toda la tarde… te llama tu madre, padre, abuelo o tío para recordarte que debes ir a esa comida familiar o serás desconocido por toda tu familia. Te bañas, tomas unos 5 litros de cualquier bebida hidratante que encuentras en la tienda de la esquina, te pones esos lentes de sol que tanto te gustan y te lanzas al convivio familiar. Es aquí donde agradeces en el fondo –muuuuuuy en el fondo– de tu corazón tener esa familia tan pachanguera porque cuando llegas te reciben con una cervecita y carne asada o tacos de guisado, te ponen a bailar como trompo de taco al pastor de sábado por la noche –recuerdas haber visto como giraba incansablemente– y sudas todo el alcohol que te has metido, no te dejan ir porque te extrañan demasiado y todos quieren contarte lo bien que les ha ido en el trabajo o lo mal que las tratan los maridos.

Al final del domingo, a las 11 de la noche, logras escapar hacia tu casa sabiendo que por fin dormirás como se debe. Efectivamente, caes rendido en un profundo sueño reparador que te ha acomodado el horario y cuando despiertas el lunes a las 8 de la mañana –tarde para el trabajo, pero era necesario– te sientes renovado y juras no volver a hacer tanta tontería porque no dormir bien te descompone. Ahora puede ser feliz –unas dos semanas, hasta la boda de ese amigo de la secundaria donde, luego del reven extremo… [ver Fase de preparación]

Aquí la susi.pop,
el 15 del 06, muuuy temprano!,
habla de Instructivos • (2) rayos de luna

Otro mundo V

(...) Otro mundo IV

Los lobos nos rodearon sin que pudiéramos darnos cuenta. La luz de las fogatas oculta cualquier cosa que no esté dentro de su rango y no pudimos verlos hasta que Betula dejó de tocar a la mitad de una canción para mirar directo en los ojos de uno de ellos.

Hace muchos, muchísimos años, antes que llegara el fin del mundo y antes que los lobos aprendieran a hablar, existía en el centro del bosque una enorme roca llamada la Piedra del Sonido.

Todos los días antes del atardecer, la enorme piedra cantaba hermosas canciones para despedir al sol y todas las mañanas al amanecer para recibirlo. Canciones extrañamente hermosas salían de ella inexplicablemente. Una roca cualquiera, cubierta de musgo, no más grande que un humano adulto.

Cuando la esfera terminó con todo, la roca dejó de cantar y todos los animales se fueron. Es por eso que el bosque es ahora tan silencioso.

Esta historia la contó Betula mientras los lobos nos visitaron. Todos escuchábamos atentamente, los lobos mirándola con sus amarillos ojos al rededor nuestro. Debió haber sido una escena extraña.

Tiempo atrás, cuando los sobrevivientes comenzamos a reunirnos en el valle, alguien nos contó historias terribles acerca de los enormes lobos que habitan el bosque. Ahora creo que fue la forma de mantenernos alejados de ellos. Son animales tan pacíficos como una planta, no pienso que pudieran matar a un humano sin motivo alguno. Son imponentes, eso sí.

Son la sabiduría misma y son los únicos que decidieron quedarse para mantener la vida del bosque porque sin animales habitándolo hubiese muerto irremediablemente.

El más grande de ellos es también el más viejo. Ha estado en el mundo desde siempre, desde que el bosque existe y al parecer se quedará mucho más que cualquiera de nosotros. Su mirada es impactante y siempre que te mira a los ojos puedes saber que él descubre todo lo que hay en tu alma y en tu mente. Tal vez uno nunca sepa tanto de sí mismo como el lobo puede llegar a descubrir.

Pasamos un largo rato escuchando a Betula tocar la flauta, casi hasta el amanecer. Cuando nuestros ojos comenzaron a cerrarse y nuestro cuerpo se hizo pesado decidimos regresar a nuestro campamento para dormir. Mirham y yo volvimos junto a nuestra embarcación caminando en silencio y Betula se fue montada, medio dormida, en el lomo del lobo gigante. Nos acurrucamos dentro de la casita que construimos con algunas ramas y dormimos profundamente hasta que el sol estaba casi en el centro del cielo. El bosque y su silencio te sumergen en el sueño más profundo.

Mirham despertó antes que yo y salió de la casita. Preparó el fuego, preparó la bebida de la mañana y recolectó algunas moras para comer. Cuando desperté y salí, lo encontré limpiando al barco que flotaba pacíficamente amarrado a la roca. El calor comenzaba a elevarse y el sol estaba en el centro del cielo cuanto Betula llegó a saludarnos alegremente. Mientras bebíamos y comíamos las moras, nos contaba algunos detalles de la vida con los lobos. Cuando terminamos, Betula sacó la flauta y comenzó a tocar.

Pasó algo extraordinario.

El barco comenzó a moverse extrañamente de arriba a abajo, primero lentamente y luego un poco más rápido. Mirham fué a mirar qué era lo que lo había inquietado –si es que un barco puede inquietarse– y entonces, al acercarse a la piedra y tocarla para poder desatar el lazo, descubrió que estaba increíblemente caliente y que además vibraba. Ató al barco en un arbol cercano y regresó junto a nosotras que contemplábamos a la roca.

El chico solar se acercó lentamente, en silencio y repentinamente trepó para quedar de pie en lo alto de la roca. Esta comenzó a temblar cada vez más fuerte pero Mirham no bajaba; seguía ahí parado, equilibrando su cuerpo para no caer.

Betula se acercó un poco y tocó con la palma de su mano a la gran piedra. Mientras, yo miraba al chico temiendo que se cayera. Betula le dijo algunas palabras a la roca que no pude comprender, luego comenzó a cantarle y entonces la roca emitió un sonido extremadamente agudo mientras comenzaba a brillar.

Por un momento dejé de poder mirar. La luz que ésta emitía combinada con el sonido me aturdieron. Cuando por fin logré abrir los ojos y quitar las manos de mis oídos comencé a escuchar una melodía emitida por la piedra. Mirham seguía trepado ahí, con los ojos cerrados, la cara hacia al cielo y los brazos extendidos hacia el sol.

Betula pegó un grito de alegría, el viento comenzó a soplar entre las copas de los abedules, los lobos comenzaron a aparecer y la roca dejó de moverse para sólo vibrar mientras cantaba brillando tenuemente. Mirham resultó ser un conductor solar. Hombre del Sol, lo llamó el lobo gigante.

Habíamos despertado a la Piedra del Sonido, ahora los animales podrán regresar a habitar el bosque.

Aquí la susi.pop,
el 02 del 06, casi de noche,
habla de ficciones • (0) rayos de luna

Otro mundo IV

(...) Otro mundo III

Los pastizales verde esmeralda son como el mar. El viento los mueve creando una marea que ondula suavemente bajo el pequeño barco flotante.

Viajamos durante días y noches enteras sin saber a dónde nos llevaría la embarcación que flotaba rápida pero suavemente sobre cualquier superficie. Cruzamos el valle de los pastizales a toda velocidad y cuando llegamos a las montañas que delimitan la parte este pensamos que se detendría, pero no fue así; tan sólo redujo la velocidad y comenzó a subir cuesta arriba. En la cumbre nevaba pero eso no lo detuvo. Subimos y bajamos las montañas para adentrarnos luego en el bosque de abedules.

Yo jamás había estado tan lejos de casa desde que nos trajeron los autobuses verdes luego de los incidentes que cambiaron al mundo y encontrarme de pronto y casi sin pensarlo en el bosque me hacía sentir feliz. El chico solar estaba en todo momento alerta; se veía como un explorador.

El barco navegó bosque adentro pasando suave y ágilmente entre los árboles. Más de una vez pensé que íbamos a estrellarnos contra algún tronco o alguna rama caída pero no fue así. Resultaba increíble como el barco podía salvar cualquier obstáculo. De pronto la velocidad comenzó a reducirse hasta que parecía flotar casi inmóvil. Él y yo nos miramos pensativos y sin decir palabra esperamos para ver qué iba a suceder. Alcanzamos un pequeño claro y el barco fue a posarse justo en el centro, junto a una roca que sobresalía cubierta de musgo. Me pareció cansado, no puedo explicar porqué.

Bajamos lentamente y en silencio. La falta de sonidos en el bosque hacía que uno intentara ser lo más silencioso posible. Lo único que alcanzaba a escuchar era el sonido del viento moviendo un poco las copas de los abedules y nada más. No había pájaros ni sonidos de otros animales. Era una sensación extrañamente confortable.

Murmuramos algunas palabras y casi puedo creer que no omitíamos sonido alguno. No había necesidad de hacerlo porque podíamos escuchar el movimiento de los labios y comprender las palabras. Decidimos comer sentados en la hierba junto al barco que reposaba apaciblemente. Sacamos las cosas de las mochilas y comenzamos a preparar todo. El chico fue a buscar unas ramas para prender fuego y mientras yo me dedicaba a sacar ingredientes de los contenedores.

Fue entonces cuando silenciosamente se acercó a mí.

Era una niña entonces. Tenía los ojos azules como el océano y el cabello rojizo. Me miraba ahí parada, casi desnuda, sin pronunciar palabra. Yo le miraba también, al principio un poco sobresaltada. Cuando regresó el chico de buscar madera ella y yo seguíamos mirándonos sin movernos, sin pronunciar palabra, ella parada frente a mí y yo hincada sobre la hierba. Ella miró al chico y sonrió.

Betula es su nombre. No sabemos, ni siquiera ella, de dónde viene o cómo llegó al bosque. Ella dice que siempre ha estado ahí, viviendo entre los abedules y las piedras cubiertas de musgo. Alguien debió abandonarla ahí cuando era muy pequeña.

Betula es silenciosa, igual que el bosque… pero cuando habla un poco su voz es melodiosa, como un pequeño arrollo de agua cristalina. Betula no sabe de donde vino su nombre, dice que el bosque mismo se lo dijo una vez mientras dormía y despertó sabiéndolo.

Pasamos varios días en el bosque. Nuestro Sol había decidido amarrar nuestro pequeño barco a la piedra por si acaso decidiera volar un día sin nosotros. Me dijo que no podíamos perderle porque debíamos seguir navegando a donde nos llevara. Yo en realidad tenía ganas de quedarme en el bosque, pero si era necesario seguir lo haría de cualquier forma.

Betula nos mostró varias cosas interesantes, entre ellas y la más importante de todas, fue un pequeño instrumento de viento, parecido a una flauta transversa que produce sólo cinco notas distintas. Betula hacía música.

Una noche, mientras estábamos en la fogata escuchándola tocar, aparecieron los lobos… nunca he sentido tanto miedo…

Aquí la susi.pop,
el 17 del 05, cuando nadie mira,
habla de ficciones • (1) rayos de luna

Homesick

Algo pasó cuando me fuí a la playa en semana santa. 

Sea lo que sea, se que quiero ir de nuevo y quedarme ahí. Me da un homesick estúpido cada que me acuerdo o lo pienso… y no veo el momento de regresar.

Ser feliz y exitosa ahora tiene un lugar posible que no es la ciudad.

Quiero poner mi cafetería foro allá.. y vender libros también…

Extremely homesick...

Aquí la susi.pop,
el 11 del 05, tarde,
habla de ñeñe • (0) rayos de luna

Otro mundo III

(...) Otro mundo II >

Alarm Will Sound - Fingerbib

Luego de varios días comencé a soñar de nuevo. Mucho antes que se fuera el primero de ellos yo había parado de soñar y eso era en extremo inusual. Siempre sueño y mis sueños son importantes porque cuentan cosas que ocurren en el mundo real, como si fuesen mensajes anticipando cualquier hecho que ocurrirá. Durante el día no se me ocurre mucho en qué pensar, no como en los sueños.

– Eres diferente. Me dijeron ellos cuando comencé a contar mis sueños. Me explicaron que extrañamente, cuando apareció la esfera aquella, todos perdieron los sueños en algún lugar del fin del mundo. Durmieron todas las noches vacíos como una cáscara de naranja con nada dentro.

La historia que él me había contado destapó una ola incontenible de sueños, al principio un poco confusos. Soñaba con campos, con flores y con aves que nunca había visto. –Tal vez existan en ese otro lugar al que todos van y podría ser que tú tengas que quedarte porque ya sabes lo que hay allá. No lo sabía de cierto y tampoco sabía por qué él tenía que quedarse.

--o--

Él… pasaba todo el día haciendo millones de actividades, como moviendo las cosas que hay dentro de la casa o construyendo otras fuera de ella. Un día teníamos una vaya de madera que rodea un pequeño jardín bastante definido. Sembró algunas plantas dentro. También comenzó a construir una pequeña embarcación aunque no había ningún río o mar cercano. Le pregunté una noche, mientras bebíamos té frío cómo planeaba transportarla a cualquier lugar y me respondió que no lo sabía, pero que creía que en algún moento nos sería muy útil. Sólo lo sabía.

Alarm Will Sound - Avril 14th

Pocas veces pasábamos mucho tiempo sin hablar. Hablamos sobre cosas que recordamos acerca de tiempos que transcurrieron en lugares lejanos. Recordamos cuando el cielo se descompuso y el sol dejó de salir por mucho tiempo y entonces me cuenta, de nuevo, que fueron los peores días de su vida. El chico con los ojos de sol se nublaba por completo. Recordamos el sabor de ciertas cosas que ahora no podríamos encontrar para comer, recordamos cómo era la música antes que se perdiera en el fin del mundo y cantamos algunas canciones incompletas, hasta donde podemos recordar cómo son.

Una de las cosas que más nos gusta recordar es el sonido de las olas y el color de la arena. La primera vez que hablamos acerca de eso soñé que caminaba en una playa con arenas tornasoladas que brillaban reflejando, en millones de colores, la luz solar. Había gaviotas volando muy cerca de la arena y el mar era color turquesa. Desperté oliendo a mar y algunos días depués descubrí que había un puñado de arena debajo de mi cama. Esas cosas me pasan a menudo; las cosas se salen de mis sueños y aparecen por la casa en donde menos lo espero. No dije nada al respecto, pero puse esa arena en una pequeña bolsa y la guardé dentro de mi caja con cosas importantes.

--o--

Esa tarde, vagando por el valle, encontramos una caverna que nunca habíamos visto. La entrada estaba escondinda entre unas rocas algo bajas que sobresalían de entre los árboles que las rodeaban. Habíamos estado caminando durante mucho tiempo bajo el sol y decidimos tomar un descanso a la sombra de los árboles; fue por eso que la encontramos. Parecía profunda y me recordó más a un pozo que a una caverna; desde dentro podían escucharse sonidos extraños, secos y cortos, como si alguien golpeara algo a destiempo en algún lugar lejano dentro de ella.

Alarm Will Sound - Prep Gwarlek 3b

Él tomó una piedra algo grande y la dejó caer dentro de la caverna-pozo. El sonido cesó un momento y luego todo comenzó a temblar. Corrimos de vuelta a casa sin saber exactamente lo que había ocurrido, sólo que era momento de partir y así lo hicimos. Metimos algunas cosas en las mochilas de viaje, cerramos las ventanas, apagamos las luces y salimos. Ya había oscurecido y la luna llena iluminaba el pequeño jardín haciendo que las plantas se vieran distintas. Él me dijo que tenía que pensar en una manera rápida de transportar nuestro pequeño barco y mientras buscaba apresurada y torpemente algo que le ayudara alrededor de la casa fue cuando ocurrió una cosa muy extraña.

Por alguna razón que no puedo explicar y sin pensarlo demasiado extraje la pequeña bolsa llena de arena de mi mochila, la abrí y lentamente vacié el contenido en la cubierta del pequeño barco.

Casi no logramos subirnos cuando éste comenzó a flotar y a alejarse de la casa navegando rápidamente por el valle.

(...) Otro mundo IV

Aquí la susi.pop,
el 29 del 04, de noche,
habla de ficciones • (1) rayos de luna

Probando… 1, 2, 3

En realidad esta es una entradita para probar los feeds que se harán al tuiter gracias a twitterfeed.com :D

...y no, no es comercial.

Aquí la susi.pop,
el 28 del 04, cuando nadie mira,
habla de todo • (5) rayos de luna

Hideaway

¿Quién puede decirlo? A estas alturas cualquier cosa podría ser real o no. Que hace unas semanas ya no lo se de cierto.

El viaje a Oaxaca… fue como ir de viaje a un cuento de García Márquez donde se me juntaron la realidad y los onirismos simbólicos con los cuentos y las hadas. Los nombres, las personas, las cosas; todo cuanto cruzó por mi camino había estado esperando a ser encontrado por mi, tal cual lo he descrito siempre.

El chico con los ojos de sol, la luna llena, el demonio rojo que danza al anochecer, cualquier infierno, la briza, las nubes, la marea, las canciones y las burbujas. Todo se mezcló haciendo que ese lugar se volviera extremadamente inexistente. No puede existir en mi vida real. Like a hideaway.

Ya no estoy segura de si lo que escribo se construye o si escribo acerca de lo que ya está construído, pero qué más da, al final todo se une en un sólo lugar al que quiero regresar todas las noches y por el cual siento una melancolía indescriptible. Arenas tornasoladas y atardeceres cotidianamente hermosos.

Cualquier realidad alterna es una realidad y una vez que comienza cualquier otra realidad es posible. Susana en el mar, en la ciudad, en un avión, en otra ciudad, en el campo, en el bosque, en la luna. Flotando o en tierra firme, cualquier realidad es parte de la realidad y cualquier forma que tomo es lo más real que existe para mí en ese preciso momento.

Encontrar tantos símbolos juntos en un mismo periodo de tiempo, precipitándose como estampida de gacelas asustadas, no ha sido lo más sencillo que me ha ocurrido pero sí lo más importante. Ahora me desdoblo en un abanico de posibilidades y sueño, todos los días, con una posibilidad distinta. Vivo muchas vidas, paralelas o aisladas las unas de las otras; mis vidas, intensas o tranquilas, radiantes u oscuras, estrepitosas o pasivas. Mis vidas.

Siempre podré hacer lo que se me venga en gana y se que tarde o temprano comenzaré a correr de nuevo, como para ir a Oaxaca. Llamados vitales. Nunca sabré de cierto lo que me llevó a ese lugar pero sí se que hay otros muchos que me llaman… y quien sabe, podría encontrar las mismas historias, replanteadas y vueltas a contar por una luna llena iluminando otros lugares. Cíclica, memoria que se repite.

Story teller.

Aquí la susi.pop,
el 20 del 04, muuuy temprano!,
habla de onirismosohm! • (2) rayos de luna

Marea

Mares para los males; y para los bienes, más mares. Marejada de agua salada convertida en un cuento rítmico que arrulla; cantante.

Mareas homenajeadas y arenas tornasoladas, gaviotas extraviadas entre los peces lunares. Equilibrio marítimo que invita a dormir, a danzar, a respirar.

Bochorno vital y cielos con estrellas multicolores; aire nocturno con suspiros solares olvidados en la profunda oscuridad de un recuerdo que contiene todos los pensamientos.

Lunar, solar, estelar y universal. El mar infinito que todo lo posee; esencia del olvido. Cíclico mar olvidado en los recuerdos.

Memoria salada color turquesa; el olvido…

Aquí la susi.pop,
el 16 del 04, cuando nadie mira,
habla de onirismos • (4) rayos de luna

Otro mundo II

(...) Otro mundo I >

Esa noche, la noche que Marina se fue, fue cuando le encontré vagando por el jardín. 

Estaba todo desarrapado y con la mirada perdida en algún punto del horizonte. Caminaba pausadamente, como tratando de encontrar algo que nadie puede ver. Traté de hablarle pero no me respondió, estaba completamente hipnotizado.

Lo llevé dentro de la casa y no opuso resistencia alguna, era como si no estuviese ahí del todo. Le metí en la bañera luego de calentar un poco de agua y por más que traté que se bañara él sólo estaba ahí sentado, sin moverse, sin responder a ningún estímulo. Me pareció extraño encontrarme con alguien justo ahora que me había quedado sola, pero me pareció más extraño aún que este alguien no estuviese en la realidad. Fue como una mala broma, es como encontrar un reloj que no funciona o una radio sin baterías.

Luego de asearle lo llevé a la cocina para darle algo caliente de comer. Serví un poco de la infusión que sobró de la mañana, pero no la bebió. Estábamos los dos sentados en la mesa de la cocina, él ocupaba el lugar frente a mí y aunque miraba directamente a mis ojos, en realidad no me miraba del todo. Inanimado por completo. Tuve mucho tiempo para contemplarle. Miré en sus ojos color gris verdoso y noté que en el centro del iris se dibujaba una figura café casi naranja parecida a una estrella. Miré con detenimiento la barba que cubría su cara, el color de su cabello, la forma de su nariz y de sus orejas. Miré sus manos que yo misma coloqué sobre la mesa sosteniendo la taza con líquido caliente. Miré sus brazos y el color de su piel.

Me pregunté como se llamaba, le pregunté en voz alta su nombre pero no obtuve respuesta. El chico con ojos de sol respiraba pausada y tranquilamente, como si durmierse con los ojos abiertos. Pensé que dormir era buena idea porque había sido un día largo y me sentía cansada. Luego de quitarle la taza de las manos lo ayudé a levantarse de la silla y le llevé hasta una de las camas vacías del cuarto común. Lo acosté, le arropé e inmediatamente se quedó dormido… o cerró los ojos como si lo hiciera, boca arriba tal cual lo metí en la cama. Me quedé dormida observando como las cobijas se movían siguiendo su respiración tranquila.

Jon Hopkins - Autumn Hill

Cuando desperté la mañana siguiente él estaba sentado en la cama, mirándome. Por un segundo pensé que no me miraba, como la noche anterior, pero en cuando notó que estaba despierta me preguntó –¿quién eres?–. En ese momento me incorporé y le dije mi nombre. Él no dijo nada, tan sólo me miraba, sin expresión alguna. Me levanté lentamente, como si fuese a asustarse si yo hacía algún movimiento brusco y le pregunté si quería desayunar. Sólo me miró sin responder. Caminé hasta la cocina y prendí el fuego. Cuando miré a la puerta él estaba ahí, de pie, mirándome. Preparé algunas cosas y serví la comida, le pedí que se sentara y lo hizo. Comió pausadamente, casi como si no tuviese hambre. Mientras tanto yo seguía preguntándome de dónde había salido pero no me atreví a preguntarle. Dejé que terminara la comida, levanté los platos sucios, los lavé y volví a sentarme frente a él esperando a que dijera cualquier cosa.

Luego de mirarme largo rato comenzó a hablar:

– Vengo de las colinas que se encuentran al sur del valle cercano. Caminé durante mucho tiempo y en algún punto del camino me extravié. No perdí el camino, me perdí en mis pensamientos. Cuando recuperé el sentido estaba en la cama donde me miraste cuando despertaste. Hace algún tiempo, antes que todos se fueran, caminé con un amigo hasta los lindes de esta casa y miramos por las ventanas una noche que había gente dentro. Eran muchos y ahora parece estar desierta.

– Lo se, todos se han ido también– contesté –ayer se fue la última de ellos y cuando regresé a casa luego de acompañarla a la piedra triangular fue cuando te encontré vagando por el jardín, te encontrabas en muy mal estado. Te metí a la bañera y traté que tomaras algo caliente pero estabas en algún otro lugar, como dices.

– Te lo agradezco– dijo mirándome. Sus ojos brillaban iluminados por la luz de la mañana que entraba por la ventana a mis espaldas, parecían más claros que la noche anterior. – No estoy muy seguro de cuánto tiempo habré vagado por ahí, pero lo importante es que logré llegar al lugar al que quería ir desde un principio. Quería encontrar a alguien vivo y lo logré. Soy uno de los que se tiene que quedar y estaba seguro que debía encontrar a otro como yo pronto, ¿tú debes quedarte?

Por un momento no supe qué contestar. Nadie nunca me había hablado de tener que quedarme, es más, yo misma nunca me había preguntado si quería quedarme o si quería ir donde todos se han ido. Le dije que no lo sabía y luego de suspirar comenzó a contarme una historia que yo no sabía.

(...) Otro mundo III >

Aquí la susi.pop,
el 15 del 04, cuando nadie mira,
habla de ficciones • (0) rayos de luna
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