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Déjame una rola!Otro mundo V
Dicho por susi.pop | el 02 del 06, casi de noche | 0 intenseos | ficciones •(...) Otro mundo IV
Los lobos nos rodearon sin que pudiéramos darnos cuenta. La luz de las fogatas oculta cualquier cosa que no esté dentro de su rango y no pudimos verlos hasta que Betula dejó de tocar a la mitad de una canción para mirar directo en los ojos de uno de ellos.
Hace muchos, muchísimos años, antes que llegara el fin del mundo y antes que los lobos aprendieran a hablar, existía en el centro del bosque una enorme roca llamada la Piedra del Sonido.
Todos los días antes del atardecer, la enorme piedra cantaba hermosas canciones para despedir al sol y todas las mañanas al amanecer para recibirlo. Canciones extrañamente hermosas salían de ella inexplicablemente. Una roca cualquiera, cubierta de musgo, no más grande que un humano adulto.
Cuando la esfera terminó con todo, la roca dejó de cantar y todos los animales se fueron. Es por eso que el bosque es ahora tan silencioso.
Esta historia la contó Betula mientras los lobos nos visitaron. Todos escuchábamos atentamente, los lobos mirándola con sus amarillos ojos al rededor nuestro. Debió haber sido una escena extraña.
Tiempo atrás, cuando los sobrevivientes comenzamos a reunirnos en el valle, alguien nos contó historias terribles acerca de los enormes lobos que habitan el bosque. Ahora creo que fue la forma de mantenernos alejados de ellos. Son animales tan pacíficos como una planta, no pienso que pudieran matar a un humano sin motivo alguno. Son imponentes, eso sí.
Son la sabiduría misma y son los únicos que decidieron quedarse para mantener la vida del bosque porque sin animales habitándolo hubiese muerto irremediablemente.
El más grande de ellos es también el más viejo. Ha estado en el mundo desde siempre, desde que el bosque existe y al parecer se quedará mucho más que cualquiera de nosotros. Su mirada es impactante y siempre que te mira a los ojos puedes saber que él descubre todo lo que hay en tu alma y en tu mente. Tal vez uno nunca sepa tanto de sí mismo como el lobo puede llegar a descubrir.
Pasamos un largo rato escuchando a Betula tocar la flauta, casi hasta el amanecer. Cuando nuestros ojos comenzaron a cerrarse y nuestro cuerpo se hizo pesado decidimos regresar a nuestro campamento para dormir. Mirham y yo volvimos junto a nuestra embarcación caminando en silencio y Betula se fue montada, medio dormida, en el lomo del lobo gigante. Nos acurrucamos dentro de la casita que construimos con algunas ramas y dormimos profundamente hasta que el sol estaba casi en el centro del cielo. El bosque y su silencio te sumergen en el sueño más profundo.
Mirham despertó antes que yo y salió de la casita. Preparó el fuego, preparó la bebida de la mañana y recolectó algunas moras para comer. Cuando desperté y salí, lo encontré limpiando al barco que flotaba pacíficamente amarrado a la roca. El calor comenzaba a elevarse y el sol estaba en el centro del cielo cuanto Betula llegó a saludarnos alegremente. Mientras bebíamos y comíamos las moras, nos contaba algunos detalles de la vida con los lobos. Cuando terminamos, Betula sacó la flauta y comenzó a tocar.
Pasó algo extraordinario.
El barco comenzó a moverse extrañamente de arriba a abajo, primero lentamente y luego un poco más rápido. Mirham fué a mirar qué era lo que lo había inquietado –si es que un barco puede inquietarse– y entonces, al acercarse a la piedra y tocarla para poder desatar el lazo, descubrió que estaba increíblemente caliente y que además vibraba. Ató al barco en un arbol cercano y regresó junto a nosotras que contemplábamos a la roca.
El chico solar se acercó lentamente, en silencio y repentinamente trepó para quedar de pie en lo alto de la roca. Esta comenzó a temblar cada vez más fuerte pero Mirham no bajaba; seguía ahí parado, equilibrando su cuerpo para no caer.
Betula se acercó un poco y tocó con la palma de su mano a la gran piedra. Mientras, yo miraba al chico temiendo que se cayera. Betula le dijo algunas palabras a la roca que no pude comprender, luego comenzó a cantarle y entonces la roca emitió un sonido extremadamente agudo mientras comenzaba a brillar.
Por un momento dejé de poder mirar. La luz que ésta emitía combinada con el sonido me aturdieron. Cuando por fin logré abrir los ojos y quitar las manos de mis oídos comencé a escuchar una melodía emitida por la piedra. Mirham seguía trepado ahí, con los ojos cerrados, la cara hacia al cielo y los brazos extendidos hacia el sol.
Betula pegó un grito de alegría, el viento comenzó a soplar entre las copas de los abedules, los lobos comenzaron a aparecer y la roca dejó de moverse para sólo vibrar mientras cantaba brillando tenuemente. Mirham resultó ser un conductor solar. Hombre del Sol, lo llamó el lobo gigante.
Habíamos despertado a la Piedra del Sonido, ahora los animales podrán regresar a habitar el bosque.
Otro mundo IV
Dicho por susi.pop | el 17 del 05, cuando nadie mira | 1 intenseos | ficciones •(...) Otro mundo III
Los pastizales verde esmeralda son como el mar. El viento los mueve creando una marea que ondula suavemente bajo el pequeño barco flotante.
Viajamos durante días y noches enteras sin saber a dónde nos llevaría la embarcación que flotaba rápida pero suavemente sobre cualquier superficie. Cruzamos el valle de los pastizales a toda velocidad y cuando llegamos a las montañas que delimitan la parte este pensamos que se detendría, pero no fue así; tan sólo redujo la velocidad y comenzó a subir cuesta arriba. En la cumbre nevaba pero eso no lo detuvo. Subimos y bajamos las montañas para adentrarnos luego en el bosque de abedules.
Yo jamás había estado tan lejos de casa desde que nos trajeron los autobuses verdes luego de los incidentes que cambiaron al mundo y encontrarme de pronto y casi sin pensarlo en el bosque me hacía sentir feliz. El chico solar estaba en todo momento alerta; se veía como un explorador.
El barco navegó bosque adentro pasando suave y ágilmente entre los árboles. Más de una vez pensé que íbamos a estrellarnos contra algún tronco o alguna rama caída pero no fue así. Resultaba increíble como el barco podía salvar cualquier obstáculo. De pronto la velocidad comenzó a reducirse hasta que parecía flotar casi inmóvil. Él y yo nos miramos pensativos y sin decir palabra esperamos para ver qué iba a suceder. Alcanzamos un pequeño claro y el barco fue a posarse justo en el centro, junto a una roca que sobresalía cubierta de musgo. Me pareció cansado, no puedo explicar porqué.
Bajamos lentamente y en silencio. La falta de sonidos en el bosque hacía que uno intentara ser lo más silencioso posible. Lo único que alcanzaba a escuchar era el sonido del viento moviendo un poco las copas de los abedules y nada más. No había pájaros ni sonidos de otros animales. Era una sensación extrañamente confortable.
Murmuramos algunas palabras y casi puedo creer que no omitíamos sonido alguno. No había necesidad de hacerlo porque podíamos escuchar el movimiento de los labios y comprender las palabras. Decidimos comer sentados en la hierba junto al barco que reposaba apaciblemente. Sacamos las cosas de las mochilas y comenzamos a preparar todo. El chico fue a buscar unas ramas para prender fuego y mientras yo me dedicaba a sacar ingredientes de los contenedores.
Fue entonces cuando silenciosamente se acercó a mí.
Era una niña entonces. Tenía los ojos azules como el océano y el cabello rojizo. Me miraba ahí parada, casi desnuda, sin pronunciar palabra. Yo le miraba también, al principio un poco sobresaltada. Cuando regresó el chico de buscar madera ella y yo seguíamos mirándonos sin movernos, sin pronunciar palabra, ella parada frente a mí y yo hincada sobre la hierba. Ella miró al chico y sonrió.
Betula es su nombre. No sabemos, ni siquiera ella, de dónde viene o cómo llegó al bosque. Ella dice que siempre ha estado ahí, viviendo entre los abedules y las piedras cubiertas de musgo. Alguien debió abandonarla ahí cuando era muy pequeña.
Betula es silenciosa, igual que el bosque… pero cuando habla un poco su voz es melodiosa, como un pequeño arrollo de agua cristalina. Betula no sabe de donde vino su nombre, dice que el bosque mismo se lo dijo una vez mientras dormía y despertó sabiéndolo.
Pasamos varios días en el bosque. Nuestro Sol había decidido amarrar nuestro pequeño barco a la piedra por si acaso decidiera volar un día sin nosotros. Me dijo que no podíamos perderle porque debíamos seguir navegando a donde nos llevara. Yo en realidad tenía ganas de quedarme en el bosque, pero si era necesario seguir lo haría de cualquier forma.
Betula nos mostró varias cosas interesantes, entre ellas y la más importante de todas, fue un pequeño instrumento de viento, parecido a una flauta transversa que produce sólo cinco notas distintas. Betula hacía música.
Una noche, mientras estábamos en la fogata escuchándola tocar, aparecieron los lobos… nunca he sentido tanto miedo…
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